Optimus, el robot humanoide de Tesla, presentado recientemente con toda la parafernalia que la gusta al propietario de Tesla, Elon Musk, desató en algunos sectores -una vez más- temores y anhelos de un futuro en que estas máquinas tengan un rol más preponderante en la vida diaria.

Musk tiene previsto que la segunda generación, Optimus Gen 2, el autómata doméstico, se venda al público en 2026. Sin embargo, después de su lanzamiento, la real autonomía del robot fue puesta en tela de juicio, argumentándose que algunos de sus movimientos eran operados a distancia por personas. 

A pesar de lo anterior, es una realidad evidente que el desarrollo de robot humanoide avanza con celeridad. Diseñados para imitar expresiones, interacciones y movimientos humanos reales se convierten en una presencia cada vez más importante en diversas áreas. A ello, ha contribuido la inteligencia artificial y la robótica, mejorando su apariencia y capacidades haciéndolos más eficientes, interactivos y adaptables.

Equipados hoy con cámaras, sensores, algoritmos de aprendizaje, redes neuronales y capacidades de procesamiento del lenguaje natural, pueden participar en interacciones más complejas y realizar una amplia gama de tareas en la industria como limpieza, logística, almacenamiento, operaciones, mantenimiento e inspección. También están presentes en campos como la atención sanitaria, la educación y el entretenimiento y patrullaje. 

Este mercado va en alza y se prevé que, de alcanzar los 1.600 millones de dólares en 2022, supere los 20 mil millones al 2030, siendo países como India, China y Japón, los que están encabezando su expansión. Ampliarán sus funciones en los sectores de servicios, educación y atención médica, estimulando la demanda y el crecimiento del mercado.

El futuro de la robótica, en particular de los robots humanoides, estará marcado por un crecimiento dinámico, aplicaciones innovadoras y un impacto transformador en diversas industrias.