Un millón de botellas de agua es comprada cada minuto en el mundo bajo la percepción errónea de que es más sana y segura que la proveniente de la llave. Sin embargo, numerosos estudios vienen demostrando en los últimos años el aumento creciente de microplásticos y sustancias químicas que se encuentran en estos envases. Eso, sin hablar de los crecientes desechos que generan y que se acumulan en la tierra y en los océanos, afectando la vida de las otras especies del planeta además de la humana.

El consumo de agua envasada en plástico implica un enorme costo para la salud humana y planetaria. Pese a ello y a los numerosos estudios que avalan estos efectos, sigue creciendo su compra a nivel mundial.
BMJ Global Health, una de las revistas de medicina general más influyentes y respetadas del mundo, acaba de publicar el artículo Repensando el agua embotellada en el discurso salud publica, el cual junto con referirse a diversos efectos que provoca este producto, reflexiona sobre lo urgente que es para los gobiernos, afrontar los efectos del uso cada vez más masivo del agua envasada en plástico y adoptar alternativas sostenibles en beneficio de la salud humana y mundial. Asimismo, convocan a los países en desarrollo a invertir en la accesibilidad al agua potable.
Algunos efectos
Las botellas plásticas ocupan el segundo lugar como contaminante más frecuente de los océanos, representando el 11,9 por ciento de los desechos plásticos, superadas solo por las bolsas; a nivel mundial, solo un 9% de estas botellas se reciclan.
La lista de contaminantes presente en estos envases -indica el trabajo-, incluye microplásticos, bifenilos policlorados y sustancias polifluoroalquiladas, entre otros. Sobre ellos, se citan investigaciones que las vinculan a problemas de salud como hipertensión, enfermedades cardiovasculares, diabetes, obesidad, problemas gastrointestinales y neurológicos.
La forma de almacenar los envases aumenta significativamente el riesgo de lixiviación (desprendimiento) de contaminantes plásticos. Su acopio prolongado, la exposición a altas temperaturas y a la luz solar pueden provocar que sustancias químicas dañinas se filtren en el agua. Además, el proceso de extracción de materias primas y fabricación contribuye a las emisiones de gases de efecto invernadero.
Otro tema es que esta basura puede ser ingerida por el plancton y los animales, entrando así en la cadena alimentaria y llegando hasta los seres humanos. También su acumulación en hábitats naturales, degrada los ecosistemas.

