Según el estudio del Instituto para el Agua, el Medio Ambiente y la Salud de la ONU, realizado en 2023, Chile es el noveno país en el ranking de consumo de agua envasada. La lista la lidera Singapur, seguido de Australia, Canadá y Malta. Esta es una mala noticia para nuestro país, ya que esta industria esconde una estrategia muy poco conveniente para los consumidores: toma un bien barato y lo vende hasta 1.000 veces más caro generando, además, toneladas de desechos plásticos. 

Pero, ¿qué impulsa este fenómeno en una nación que se enorgullece de tener la mayor cobertura de agua potable en Latinoamérica? Según datos oficiales, el 99% de los hogares urbanos chilenos tiene acceso a agua potable. Sin embargo, la percepción de que el agua embotellada es más segura o de mejor calidad, sumada a estrategias de marketing efectivas, ha consolidado este mercado.

Esta preocupante situación local, es sólo un síntoma de un problema mayor. El aumento del consumo de agua envasada se ha incrementado a nivel global como nunca antes en la historia. Este fenómeno no sólo evidencia la baja cobertura de agua potable en el segundo y tercer mundo, sino también la baja confianza en los sistemas de sanitización del agua. Estas situaciones brindan el escenario ideal para un modelo de negocios, que convierte un recurso esencial en un lujo exacerbado.

Sin embargo, el lucro y los miles de toneladas de basura no son los únicos problemas. También están las cantidades de microplásticos detectados en el agua y que tendrían importantes repercusiones en la salud de las personas.

Micro riesgo envasado

Un estudio realizado por la Universidad de Chile, el año 2022, incluyó muestras de 12 marcas de agua embotellada y concluyó que los microplásticos más pequeños encontrados variaban entre los 5 y los 20 micrones (similar a lo que puede medir un glóbulo blanco) y representaron más del 50% de las partículas encontradas en cada botella. Estas dimensiones han sido reportadas como riesgosas para la salud, ya que son susceptibles de acumularse en el tracto digestivo y, además, generar potenciales alteraciones en los sistemas linfático y circulatorio.

Sobre el tipo de daño que los microplásticos ejercen sobre el organismo, existe un acalorado debate internacional, no exento de la presión de las compañías productoras de agua envasada. Más allá de estas controversias, para el caso de Chile, en que la cobertura de agua potable es la más alta de Latinoamérica, la solución no pasa por mejorar la calidad del agua envasada. Más bien, lo que se requiere es fomentar el consumo “del agua de la llave”, mediante campañas y educación en salud para evitar seguir aumentando el gasto de bolsillo en bienes innecesarios y la acumulación de toneladas de botellas PET.